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Terra
La Coctelera

Categoría: mi vida

Cuatro por seis

No podeis imaginar el debate tan profundo que hemos tenido en mi casa esta semana.

Resulta que el nuevo canal Cuatro está en la misma onda que el plus, y en nuestra tele lo teníamos en el seis. Ha sido un largo debta en el que unos pedían cambiarlo, otros mantenerlo por tradición.

Todavía no hay una fuerte convicción, les mantendré informados.

Otoño crujiente

¡Me encanta esta estación!

Hay días que salgo a la calle única y exclusivamente para ir al parque.

Allí, debajo de los árboles, me pongo a saltar, a bailar, a pisar fuerte!

¡Cómo me gusta oir crujir las hojas resecas!

Escatológicamente hablando

Lo que más odio de una gastroenteritis es que no puedo tirarme un pedo a gusto.

Es como la lotería, no sabes cuando te va a tocar.

El patitio feo

Yo me crié en un entorno familiar, pero un buen día, con 3 añitos, mi madre decidió mandarme a la guarde. Pero no una guardería normal, no, una e monjas.

Solo estuve allí un año, al siguiente empecé el cole, por lo que no tengo muchos recuerdos.

En realidad solo tengo un recuerdo, que me traumatizó para siempre.

Las monjas nos pasaron a todos unas hojitas de estas de Pinta y Colorea. El dinujo en cuestión era un pato con un paraguas.

La monja me regañó porque lo pinté de azul, me decía que era poco realista, que a ver dónde había visto yo un pato azul.

Me dejo sin mi vaso de leche porque la respondi que yo nunca había visto un pato con paraguas.

Qué crueldad.

Ya volví, que no de-volví

Pues sí amigos, ya estoy de vuelta, siento no poder haber plasmado mis oscuras intenciones en este pequeño cuaderno, pero ya estoy bien.

Os cuento la historia, para que no me peguen: esto era un día que estaba estresado y me tome un suspiro. Pues resulta que estaba caducado y hasta ahora, pues en cama psíquica todo el día.

Desvelando secretos

Voy a desvelar cómo nace mi inspiración.

Antes de nada, la inspiración solo sale si no estás delante del ordenador. No sé si es que están en frecuencias diferentes, pero es así. Debes salir a la calle, aunque solo sea para comprar el pan, un paquete de chicles o un paquete a secas. La cosa es tomar aire fresco.

Por ejemplo, esta mañana he ido al banco a hablar un poco con mi cajera y, de paso, a actualizar mi cartilla. No sé cómo, pero ha llegado a mis manos una moneda de 50 céntimos. Y era de Luxemburgo, así que valía un pastón, más de diez mil veces su valor.

Me han entrado ganas de un chicle y no tenías más suelto, así que utilicé la moneda. Qué bien me ha sabido el chicle.

Sí, era de esos chicles que todavía llevan azúcar, vamos, una reliquia. Pero en esto que me encuentro con un amigo y al saludarle me lo tragué.

Como es lógico acabé escupiendo en la cara de mi amigo, de forma totalmente involuntaria, claro está. Que el cabrón me quitó a mi chica, pero yo soy un hombre muy respetable. Ahora, si lo cojo le voy a...

Menos mal que tengo este blog para canalizar mi furia, por eso estoy escribiendo esto. No me acuerdo de qué escribía, supongo que de alguna chorrada.

No me gusta no me gusta

Solo hay una cosa que me guste menos que la última pipa de la bolsa salga amarga.

Ok, una de las cosas que me gustan menos son los niveles de agua de supermario, pero eso es otra cosa.

Vale, tampoco la mezcla de arena y crema en las playas.

Ni los anuncios de detergente tipo "Ensuciar es bueno", ni los de Carrefour.

Ni las etiquetas tamaño industrial de algunas camisetas, ésas que pican aunque sean de marca.

Tampoco la cara de gilipollas que se me queda cuando pierdo el autobús delante de mis narices.

Ni que me haga un par de huevos fritos y me entere a la hora de comer que no tengo pan.

Ni los días como hoy, que hacía demasiado calor al sol como para ir con manga larga y demasiado frío a la sombra para ir con manga corta.

Me he desviado tanto del tema que ya no me acuerdo qué era lo que me gustaba menos...

Ah, ya lo tengo: la sensación de mascar un chicle después de haber comido kikos.

Infancia quebrada (I)

Yo. 7 años. Llaman a la puerta, miro por la rejilla.

- ¡Mamáááá, hay un señor naranja detrás de la puerta!
- Ábrele, y déjale pasar, que me la tiene que meter... a ver dónde he metido el monedero...

Desde entonces voy todos los martes al psicólogo.